El martes pasado estuve en la fiesta de la Virgen de Urkupiña, en Quillacollo, el pueblo vecino de Cochabamba. Es una fiesta multitudinaria, como podéis ver en la foto, y consiste en una peregrinación la noche anterior para pedirle a la Virgen abundancia en todo lo que deseemos.

Esta fiesta tiene una particularidad: a lo largo de la calle principal (y aledaños) todo está lleno de puestos de mercadillo donde compras miniaturas de todo aquello que deseas pedirle a la Virgen. Hay todo lo inimaginable, a escala reducidísima. Por ejemplo, títulos universitarios y visados:

O materiales para construirte una casa:

O, directamente, dinero o casas ya construidas:

O, ¿por qué no?, un ordenador nuevo o un nuevo negocio:

La fiesta incluye la subida al Calvario (que no pude realizar), las diferentes misas de agradecimiento y, sobre todo, la participación del gran gentío que allí se congregaba. Además, las ofrendas se complementan con la figura del Ekeko, un caprichoso ídolo del que quizá os hable en otro momento, y que te concede todo lo que le pidas… a un determinado precio, por supuesto. También incluye el depósito de una piedra extraída del propio monte en el momento, o el año anterior, como promesa por alguien o algo.

Me encantó participar y ser testigo de esta fiesta, auténticamente boliviana. Aún me queda un tiempo viviendo en Cochabamba, y el día a día se está construyendo con estas pequeñas historias.

Un comentario para “La fiesta de lo pequeño”

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    Guardagujas

    ¿Algún día sabremos qué miniatura compraste?

    Un beso pequeño (con y sin coma).

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