Estoy en Punta Uvita, un auténtico paraíso al que se llega atravesando un espectacular paisaje, y que la marea se encarga de hacer aparecer y desaparecer a lo largo del día. Consiste en una playa al frente donde hay ballenas (a partir de julio),  miles de cangrejos, cocodrilos (porque hay dos ríos que desembocan aquí) y, a tu espalda, una profusa jungla que lucha con la costa por ganar terreno.

Estoy alojado en «Cabinas Punta Uvita», cuyos dueños te hacen sentir mucho más que en casa. De una generosidad casi infinita, hacen de la hospitalidad su manera de entender la hostelería, especialmente cuando llegas bajo una lluvia tropical que en España saldría en las noticias. «Cabinas Punta Uvita» es  un paraíso escondido dentro del paraíso, ya que todos los hoteles de la zona son resorts para gringos con alto poder adquisitivo, lejos de mi planteamiento del viaje.

Mañana iré a Sierpes, en la espectacular península de Osa, al sur. De ahí, atravesaré en bote los pantanos hasta llegar a Drake, y luego intentaré llegar a Sirena y bordear toda la costa (incluyendo el Parque Nacional de Corcovado) hacia el norte, para salir de nuevo a la carretera pa-panamericana (por cierto, un topónimo que me encanta de aquí es «Salsipuedes»). Me esperan lugares de auténtica postal en esta zona del país.

Un comentario para “Paraíso de quita y pon”

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    José Miguel

    En Yecla hay una calle muy estrechita que se llama Salsipuedes.

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